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QUÉ SERÁ…

Qué será de la guerra
cuando se acaben los muertos.
Habrá un cielo más oscuro,
quizá, que penetre por las calles
diciendo adiós casi de paso,
y entonces no habrá
quien se moleste por la brisa
ni quien se agarre a las farolas
huyéndote o para vomitar.

Habrá sed
mas ninguna boca se abrirá
resquebrajada para abrazar al agua,
todos estaremos en la misma posición,
como los muertos;
las ventanas abiertas de par en par
dejando entrar el polvo
libre. como el viento.

¿Quiénes fueron los culpables?
Ya no hay árboles, ni flores
s´ólo animales descompuestos
desperdigados por el suelo,
sin carroñeros alimentándose de sus vísceras,
y hombres, hombres muertos,
como el mundo
que apenas ha dejado de dar vueltas.

¿Qué hemos hecho de nuestras sonrisas?
¿Acaso quedarán ocultas miradas
para ver los cementerios?
Sobre qué piedra caerán las lágrimas
que faltan que aún sobran.

Qué será de los cementerios
cuando ya no queden muertos
como ahora
y ya no existan las batallas
como antes;
se llenarán de silencio
y se revestirán de olvidos y de ortigas,
igual que mi mirada.

El poemario “Mañana volverán a caer las hojas” está compuesto por 1300 versos en 20 poemas. Se editó en julio, en edición de autor, y pueden solicitarlo a través de este blog por el precio de 13 euros (gastos de envío incluidos).

CAPÍTULO 1

Cisneros piensa que estoy loca, esposo mío, y que no puedo gobernar mi reino. Tú también lo creías e hiciste todo lo posible por dar cuenta dello a los miembros de la Corte, incluso a mi propio padre. He decidido partir contigo hacia Granada esta misma noche y cumplir con ello tu última voluntad y la mía propia de acercarme a los que me quieren, a todos aquellos nobles y plebeyos que confían en mí como lo hicieron con mi madre Isabel de Castilla, mi señora. Supongo que recordarás, cuando intentaste usurpar mi trono en Burgos exponiendo mi locura a los cuatro vientos ante los Grandes y los gentilhombres y los religiosos, a los que por cierto odio, cómo mi tío el Almirante de Castilla y un fiel oficial y otros soldados acudieron en mi favor y ayuda y trajeron al pueblo llano ante la Corte para postrarse a mis pies, para servir a su Reina, para demostrarle su lealtad por ser hija de Isabel y por Castilla y porque detestan a los extranjeros y huyen de mi padre Fernando, en el que no confían. Me sentí fuerte en ese instante ante tu expresiva impotencia, tu debilidad desmedida y tu humillación, como la del propio Cisneros, que cree más en mi locura que en tu muerte. El odio por la falta de tu amor, por tu falta de respeto hacia una doncella que tenía apenas diecisiete años cuando la poseíste por primera vez aun siendo una Infanta, fueron los previos pasos hacia ese estado de enajenación atribuida gratuitamente, Felipe. Mas ya quisieran muchos de estos botarates empecinados en descubrir mi locura hasta dónde puede llegar tal estado de cordura; herida ya, dicho sea de paso.

NO VOY A QUEJARME AHORA

Dejaré mis quejas para las olas,

para más tarde,

para cuando tenga tiempo;

dejaré mis quejas para nunca

o para ahora mismo.

Brillará una estrella que no existe

y quizás el sol se quite el traje ámbar

se esconda en su ataúd

y dé paso a mi llanto inmóvil

a mi sufrimiento descansando en un olivo

para que definitivamente pueda quejarme

del ruido de los trenes detenidos en la estación,

del grito del aire comprimido en una botella,

de las sensaciones, del olor de la cereza,

de los aspavientos de la pedantería,

también del vaso de vino que jamás me sirvieron,

de las plumas que no escriben;

un poco quejarme de todo y de nada,

incluso de la ira de las palabras que no llegan a mis labios,

de la espuma de las olas, de un aullido

cualquiera entre la vida de la ciudad

que nunca duerme y jamás está despierta,

del eterno llanto del ciprés por la huida

prematura del muerto que resucita

antes de tiempo

y entre sombras

y caricias de la luna azul y miel

se pierde en el túnel del olvido,

de las guerras del futuro

que ya han matado a muchos hombres,

incluso del cigarrillo invisible

que me quema los dedos dormidos en los huesos;

quiero quejarme de tantos entuertos

que mi voz ha enmudecido

y los látigos de mis frases golpean al vacío

que se desliza silencioso en el infierno

de penas señaladas con el dedo

de los hombres que se tachan a sí mismos de perfectos;

quiero quejarme un poco antes de callar

las miserias que atraviesan veloces por los campos

de mi cuerpo regado de cuando en cuando

por el plomo de las balas

o el regalo radiactivo de las bombas nucleares

salidas de cerebrales vísceras

de genocidas anónimos que comen su trigo y su pasado

sobre la tierra quemada de cualquier rincón del mundo,

del tañido de las campanas

repicando a difunto

cuando una flor nueva ha nacido en otro valle,

de los ecos de los gritos de los muertos

que nos llaman y nos buscan

ciegos por la luz de los morteros,

del beso lascivo que da la envidia a la ternura,

de las guitarras que se quiebran

sin tocar la oda que salvará a mi pueblo,

del aullido del carbón antes de engullir

en su vientre enlutado y tenebroso

el último minero que atraviesa el corazón de la tierra

con su pesada barrena,

del correr del tiempo

mientras yo, todos, nos quedamos dormidos,

del incesante tecleo de mi máquina de escribir

sin papel en el carro y sin dedos en mis manos,

de las chimeneas de las fábricas

que han dejado de echar humo

porque todos sus operarios han muerto en otras poluciones,

de las banderas sin colores

que se mecen con el huracán de la sangre de otros tiempos,

de los sables rotos después de atravesar el último pecho

y de la última pistola sin disparar;

quisiera poder quejarme de la vida y de la muerte también,

pero me ahogo, me convierto en luna, me veo

pendiendo de un árbol como el último higo

antes de talar la higuera:

con miedo

a morir sin ser devorado;

mis quejas no son para mí sino para mi pueblo

que duerme mientras yo los miro.

Por eso es que me lamento tanto

del oportunismo y de la apatía,

me quejo del cocodrilo con dientes de oro

y del payaso con la máscara de Hitler

en un circo,

de la música salida de un concierto de pulgas huérfanas

y de la gaviota que se ha quewdado sin mar,

de no haberme puesto el sombrero al levantarme

y de no haberme lavado la cara olvidada en otro estanque

del cadáver sin enterrar

y de la cama ya caliente de otro amante,

también del beso que se da en las despedidas

y del otro beso de puñal que se ofrece sonriendo al enemigo;

pero, amigos, no me hagan caso,

las quejas sólo son de locos y poetas…

dejaré entonces mis lamentos

para otros muertos

y mis besos para los labios que aún silban

en las copas de los árboles.

Ahora no me quejo

porque no tengo tiempo,

quiero descansar mi cuerpo

en el lecho de otra tierra

que todavía no ha sido descubierta.

NOTA.- Este poema pertenece al libro “Piel adento me conozco”, editado en Toronto, Canadá, en el año 1984.

POEMA ÚLTIMO

Arremolinadas las hojas fenecidas en los parques

brisa fría en el alba de la vida bostezando

manantial de lluvia galopando de nube en nube

quiméricos rostros vierten sus legañas en el agua

el verde olivo también ha muerto en el escrutador otoño

la cara de la luna se cristalizó en la superficie del estanque

en el anverso de los ríos en la opacidad de los charcos

también en la inevitable secuencia de las olas.

Se pierde en el horizonte la infinitud del tiempo estrangulado

olor a silencio y a cemento transgredido en las calles

el sol quebranta el muro gris y suelta una brillante sonrisa

en la recién nacida mañana, disolución de hielos

afluencia de tránsito fluidez de sonidos fluyentes vértebras

de ríos que confluyen en el mar de los idilios

un imperio de badajos golpean al unísono

la concavidad de todo un mundo de campanas.

¡España despertó sin sangre!

El pastor solitario inclina su mirada desde el otero

hasta la baldía y amarilla meseta castellana

el labrador esparce la semilla sobre la tierra

al arrullo del viento en la grisácea mañana

caen gotas de rocío del eucalipto y del pino

el olivo recuerda haber sido obsequiado a los griegos

por la diosa Atenea y sufre la ausencia de sus blancas flores.

¡El fascismo ha sido desterrado!

Los halcones han sido puestos en sus jaulas

la voz del pueblo puede seguir gritando libremente

un nuevo amanecer y España será socialista.

Los trigales seguirán yertos

por rocío no por sangre

los ríos descenderán negros hasta el mar

sin cadáveres

la hierba detendrá su llanto

los molinos moverán el agua

las mujeres palñirán sus rezos

a sus viejos muertos como antaño

los rojos de ayer y los nuevos rojos

esculpirán en el aire la palabra

las claves se perdieron

descubierto el sedicioso.

¡El español podrá acercarse a las urnas

y votar con esperanza!

¡A España, dictadores,

le costó mucha sangre la democracia!

Hoy, en Ontario, a lomos de una primavera renqueante,

siento una España que delira otra España que bosteza

y mi España imaginada que se esfuerza en caminar.

¡Hay que componer tantas cosas todavía!

Los restos humeantes del fascismo, como restos desvencijados de un naugragio,

desentierrab la soez palabra contra el fiel testigo

el periodista

para encubrir el deshonor de fanáticos militares

empecinados en cambiar el curso de la historia

¡bañando sus manos en sangre!

¡Clemencia, señoría, clemencia!

doce años de prisión son mucho tiempo

¡por intentar asesinar a España!

¡Hasta dónde, Patria, has de ser ultrajada!

NOTA.-  El poemario “Poemas a mi patria ultrajada” se publicó en Toronto, Canadá, en 1985. Actualmente está descatalogado.

JOSÉ HERRERO

José Herrero nació en 1953 en Asturias. Cuando su padre dejó las minas de carbón para trabajar en una empresa de obra civil, la familia comenzó a dar tumbos por España, de obra en obra, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad: Almadén (Ciudad Real), Peñas de San Pedro (Albacete), Peñarroya (Córdoba), Utrillas (Teruel), Barcelona, Bilbao, Villablino y Ponferrada (León), etc.

Entre lo mal estudiante que de por sí era y los cambios continuos de instituto, fue sacando el bachillerato a trancas y barrancas. Después se hizo funcionario, pero lo que más le gustaba era escribir. A los 20 años participó por primera vez en el premio Planeta de novela. Un año después quedaría finalista del Vicente Blasco Ibáñez, de Valencia.

En 1981 queda finalista del Casino de Mieres de novela corta, y ese mismo año parte, a la aventura, rumbo a Venezuela. Comienza a trabajar como comercial de Minolta copiadoras, obtiene la residencia y de Caracas se va a Maracaibo a dirigir una corporación editorial española. Colabora con el diario Panorama y edita un libro de poesía.

Dos años después viaja a Toronto (Canadá), donde fija su residencia por espacio de algo más de tres años. Trabaja en la construcción y de camarero en su etapa de ilegal, escribe como redactor en el periódico Nuevo Diario, luego de columnista en El Popular, hasta que funda el semanario en español, de contenido cultural, Panorama 20. Publica el poemario “Piel adentro me conozco”, en 1984, muy aplaudido por la comunidad hispana y univer-sidades, sobre todo por el contenido social implícito en el libro. En 1985 publica “Poemas a mi patria ultrajada”, con iguales resultados. Es invitado frecuentemente a dar recitales de poesía en diferentes universidades para los estudiantes canadienses de español.

Cuando regresa a España, después de viajar por Cuba, Nicaragua y México, aparte de sus frecuentes viajes a Colombia, Ecuador y Bolivia, trae bajo el brazo el manuscrito de la novela “Un tiovivo para esta navidad”, con la que obtiene el premio Asturias de novela en 1986, de la Fundación Dolores Medio. El autor se queja de que la Fundación no haya cumplido como se merecía con él, ya que no hicieron la tirada que se habían comprometido a hacer, y ni siquiera sacaron el libro con ISBN.

Trabajó para Asturiana de Televisión y se afinca en Málaga, donde trabajaría en La Gaceta de Málaga y luego, a su cierre, fue responsable del gabinete de prensa del ayuntamiento de Rincón de la Victoria. Publica, por entonces, “El guerrero herido, crónica de una moción de censura”.

En 1987 obtiene el primer concurso de cuentos Armando Palacio Valdés, del centro Asturiano de Málaga. En 1991 queda finalista del premio La Felguera de cuentos, y ese mismo año obtiene la mención honorífica Colegiata de Murias, en la XIII edición del concurso de cuentos Aller.

Trabajó como corresponsal y articulista en diario Jaén varios años.

Se diplomó en dirección y administración de empresas e hizo un master en dirección comercial y marketing, también es experto universitario en asesoría medioambiental por la universidad de Cádiz. Lleva tiempo trabajando para obtener un doctorado en ciencias de la comunicación por la universidad Autónoma Nacional de México, pero en ello anda.

En 2004 editó, en edición de autor, una novela histórica sobre la reina Juana I de Castilla, “La reina que no quiso reinar”. Está a punto de ser editada por editorial Autopublish nuevamente. En el año 2005 quedó finalista del concurso internacional de cuentos “Historias Mágicas y Verdaderas”, de Aldeas Infantiles SOS. Su cuento fue editado por la editorial JdeJ Editores junto con el resto de finalistas y veinte cuentos de autores consagrados, los cuales han cedido los derechos de autor a la entidad convocante. En 2009 publicó su poemario “Mañana volverán a caer las hojas”, que está teniendo buena acogida. Es edición de autor, de modo que si alguien está interesado en hacerse con él, pueden comunicarse con su autor en este blog.

Y sigue trabajando.

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